Desde la antigüedad las personas con discapacidad han sido indistintamente despreciados, adorados, compadecidos, aniquilados o temidos según las ideologías imperantes en el grupo social de pertenencia (Ferraro, P., 2001).
Las personas siempre actuamos de forma negativa hacia lo desconocido, y la persona con discapacidades desconocidas para el resto de la humanidad en tanto y en cuanto no se conozca su pasado, su presente, sus posibilidades de interactuar en la sociedad y el rol que podrían ocupar en ella han provocado y provocan respuestas disímiles.

